ESA DROGA LLAMADA BUCEO
por Josep Pegueroles

n el corto tiempo que llevo practicando el escafandrismo me
he dado cuenta que me ha "enganchado" como una droga, que poco a poco se ha ido
apoderando de mi.
La gran ventaja respecto a otras drogas es que es muy blanda y se puede consumir sin
ningún tipo de prejuicio social, no es perjudicial para la salud e incluso parece ser
terapia para alguna enfermedad. La semana se me hace larga esperando mi dosis, la cual
tomo normalmente los fines de semana. Me pregunto ¿ qué sucederá el día que viaje a
alguno de esos lugares paradisíacos ?
Todo empezó un mes de Agosto, hace unos tres años. Por causa del trabajo mi familia
marchó de vacaciones sin mí. Vivo en una ciudad costera y en esta costa -la Costa Brava-
abundan los lugares bellos para realizar inmersiones.
No se me ocurrió otra cosa que comprarme un traje de neopreno, un fusil de pesca, unas
gafas, aletas y unos kilos de plomo. Así empezó mi gran adicción.
Nunca me había atraído el mar, quizás fuera por no conocerlo. En su interior descubrí
su flora, su fauna, y lo más importante, mi pasión por él y mi gran respeto hacia este
mundo lleno de vida y aventura.
Este último verano, no sé cómo ni por qué, un buen día me encontré pidiendo
información para un curso de escafandrismo. Una semana después empecé mi preparación.
Al mes siguiente ya tenía mi título de buceador de segunda clase. Eso sonaba muy bien.
Lo que no sabia era que acababa de tomar mi primera dosis.
Para mi el buceo es un gran vicio pues hasta ahora tan sólo me ha proporcionado cosas
buenas. Lugares desconocidos, personas de muy distintos caracteres y pensamientos, y sobre
todo, sensaciones nuevas y alucinantes.
Muchos me preguntan qué sensaciones produce una inmersión, creo que es inexplicable.
Como dijo alguien: "las sensaciones son las impresiones que las cosas producen en el
alma por medio de los sentidos", por lo cual no me siento capaz de explicar lo que
siento, pero si sé que me costaría mucho si algún día tuviera que dejarlo por alguna
causa.
No sé si comparar el submarinismo con un vicio o adicción es lo más correcto, pero si
puede ser la mejor manera de hacerme entender. Una vez se entra en este mundo, cuesta
mucho salir de él voluntariamente. Cada vez que haces una inmersión es una nueva
aventura, una descarga de adrenalina que recorre tu cuerpo en un afán de descubrir cosas
nuevas.
Siempre se ha dicho del mar que es el mundo del silencio y la soledad. Yo no lo definiría
así, pues aún siendo muy silencioso, nunca está callado, y si lo que yo siento allá
abajo es soledad, no me importaría estar solo durante mucho tiempo.
Pienso que desenvolverse en un medio que no es el tuyo por naturaleza siempre ha sido una
cosa buscada y deseada por el hombre, de ahí su afán en volar, correr, navegar, incluso
conquistar. Creo que las personas que practican este tipo de actividades son las únicas
que pueden entender lo que yo siento, cuando me sumerjo en un mundo que no es el mío,
donde todo lo que me rodea no es lo cotidiano, donde existe una lucha por dominar algo que
jamas serás capaz de doblegar, donde la lucha con la naturaleza está perdida de
antemano, pero donde las sensaciones y los sentimientos no tienen límites.
De ahí la eterna pregunta que los demás se hacen: ¿Por qué hay gente que sube a los
picos más altos del mundo? ¿Por qué saltan algunos en paracaídas? ¿Por qué un viaje
en solitario por los océanos ? ... Lo peor de estas preguntas es lo difícil que puede
ser, responder a alguien que no siente lo que nosotros sentimos.
Dicen que es arriesgado, y no les quito su parte de razón, pero tu contrincante no te
engañará jamás, en todo momento sabes que te puede jugar una mala pasada, pero nunca a
traición. De antemano siempre estás avisado, sabes que es muy superior a ti. El riesgo
se puede reducir en gran medida siguiendo unas precauciones mínimas.
Resumiendo, creo que la mayoría de las personas no logrará entender jamás el por qué
de mi adicción, y menos el por qué ha cambiado algo dentro de mi persona.

© por Josep Pegueroles
|
|